jueves, 22 de marzo de 2007

Casi todo se congela...
menos el tiempo y los recuerdos.
A veces hace tanto frío allá afuera,
que los recuerdos, al igual que los instantes que van construyendo un presente
(si es que en verdad éste existe), vienen danzando de no sé dónde
y te contagian el cuerpo, hasta que que finalmente terminas bailando con ellos.
Entonces empiezas a sudar aunque allá afuera haga frío.
He descubierto que me gusta la danza de los ayeres, pero me gusta
más cuando éstos bailan con los mañanas y con los hoy, que,
tarde o temprano, terminan siendo lo mismo: tiempo vivido que siempre es,
porque se mueve, se transforma y nunca se calla.

No hay comentarios: