jueves, 9 de julio de 2009

A medias,
con el pie en el aire
y la cabeza en la tierra.

A medias,
como quien escribe su nombre
sin saber la última letra.

Siempre a medias,
danzando sin pies sobre tres puntos
y volviendo a empezar.

Un barco de papel

Quiero entrar en tus sueños
sin tocar la puerta.
Quiero sorprenderte con cartas
aunque no haya letras.
Las palabras pisarán la tierra caliente.
Llegarán canciones del sur
y te las cantaré.
Construiré un barco de papel
que nos lleve a esas aguas saladas
que tú conoces bien.
Cuando lleguemos a la orilla,
desdoblaré el barco y te cubriré
del frío y de las ausencias.

Contornos

La distancia descontextualiza,
te va haciendo menos visible allá
y con trazos más fuertes acá.

Nostalgia de no poder estar ahí,
de verlos y no verme con ellos,
de verme y no verlos conmigo.

Soy la misma de allá
pero con un poco ya de acá.

Mi contorno es oscuro y más grueso
cada vez que me miro
en tus ojos grandes.

Quiero estar cerca
y vuelo de cualquier manera.
Pero siempre hay un lugar donde
el viento se asfixia y es mejor
dar la vuelta que estrellarse.

Vuelo para que el contorno
y lo que hay dentro
no se borren con el tiempo.

Ahora soy tierra con agua en la montaña.

El aire de aquí
como el de allá
cambia.

El viento que me toca no está mojado,
y en mis ojos se proyecta el mar
aunque no los abra.
Quiero unos brazos largos
y que nuestra infancia vuelva.
Quiero darles una Luna Nueva
llena de dulces y preguntas con respuestas.
Quiero seis velas
sobre un pastel de chocolate.
Quiero que mis brazos y mi voz
los alcancen.

Miedo

Eres como la sombra de los buenos momentos;
una sombra que sigue y se adelanta.
No habites más mi cuerpo,
para ti ya está lleno.

Vete,
y si un día vuelves,
mi mente te cerrará la puerta.

Inundación

Las piedras inundaron las calles.
Sobre ellas crecieron sólo nopales.
El sol intentó escaparse de la lluvia,
pero no supo dónde.
El sol está herido, mis pies están dormidos...
El tiempo está espinado, y la noche es tan oscura
que ya no puedo verla.

Vacío

Un pingüino por tus ojos se metió.
Construyó su casa en tu cabeza,
y trepado en tu saliva
a tu panza llegó.
Ahí se emborrachó
cuando por tu ombligo se asomó.

De regreso a casa,
por tus costillas escaló.
Cuando a tu garganta llegó,
una bandera en las anginas incrustó.
Pero estaba tan mareado
que la bandera vomitó.

El pingüino se derretía,
pues de hielo era
y tú por dentro eras un sol.
Sólo dos gotas era
cuando a su casa llegó.
Apenas sentiste su ausencia,
y lo que quedaba del pingüino
por tus ojos salió.